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Sylvester Stallone nos vendió un melodrama disfrazado de épica deportiva a través del personaje que le ha dado fama y fortuna durante cuatro décadas. Esta genialidad, acaso involuntaria, ha generado miles de visitas al cine y una permanente presencia televisiva del campeón filadelfiano desde los años setenta, promoviendo la cultura de la perseverancia y la disciplina en primerísimo plano, con un subtexto emotivo fácil de asimilar.

Es fácil congraciarse con Rocky, el campeón, el que inventa extravagantes maneras de entrenar, el que busca sumar habilidades a su estilo de pelea mediante inéditas estrategias, el que resiste la adversidad ante mejores peleadores a los que finalmente vence gracias a su perseverancia. Por su parte, resulta entrañable solidarizarse con Balboa, el fiel esposo que ama a su tímida mujer, al leal amigo que nunca deja que sus rencores lo separen de sus colegas y entrenadores, al ingenuo y poco brillante hombre que aprovechó la fortuna que encontró por casualidad y al que la inocencia de su origen no le permiten desarrollar la soberbia natural de los triunfadores en un deporte hecho para megalomanos declarados.

Si bien las peripecias del boxeador italoamericano caen en varios lugares comunes a lo largo de ocho películas, la tensión entre los dos individuos personificados en la interpretación de Stallone mantiene viva la saga y atenta a su audiencia siempre dispuesta a responder a un nuevo llamado del viejo Semental Italiano.

El mito que se niega a morir

En 2018, Sylvester Stallone anunció que retiraría a su más entrañable personaje de la pantalla grande tras su última aparicion en Creed 2 (que vendría siendo algo así como Rocky 8). Sin embargo, el personaje se niega a desaparecer y un hecho deportivo lo trajo a la memoria de nuevo: el triunfo del peso pesado Andy Ruiz frente al campeón Anthony Joshua.

No es la primera vez que un acontecimiento de la vida real se relaciona con el “Semental Italiano”, en 2011 se convirtió en el primer personaje de ficción en ser inducido al salón de la fama del boxeo junto a Mike Tyson y ni más ni menos que Julio César Chávez, lo que además resulta otra coincidencia que relaciona a Balboa con México.

Cuando Andy Ruiz venció al campeón Anthony Joshua en una de las victorias menos esperadas del pugilismo de todos los tiempos, es decir, a unos meses del anuncio del retiro de Balboa del cine, el mismo Stallone apodó a Ruiz como “el Rocky mexicano”: “mi guión de Hollywood se hizo realidad en aquella histórica noche de junio cuando un boxeador desconocido […] logró una victoria que sacudió el mundo. Fue Rocky de la vida real”.

El reconocimiento del actor le dio un motivo para preparar un documental sobre el púgil mexicano, próximo a estrenarse en el canal especializado en boxeo de  YouTube, DAZN. One Night: Joshua vs Ruiz se estrenará en el canal el 20 de noviembre, dos semanas antes de que los pugilistas sostengan la revancha en Arabia Saudita.

Además del inesperado triunfo, las historias de ambos campeones guardan algunas similitudes entre realidad y ficción: ninguno figuraba para grandes cosas, se dedicaban a pelear y eran malos para los estudios, además de ser migrantes en Estados Unidos. Andy fue elegido para retar al campeón en 2019 al ser uno de los pocos que daban el peso y no tenían problemas de dopaje. En aquella histórica noche de junio, al proclamarse campeón, clamaba por ver a su madre para decirle que lo había logrado, lo que nos recordó al emblemático grito de “Adriaaan” del entrañable Balboa.

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Eduardo Cortés
Humilde obrero de las letras.

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